La transgresión de la literatura ha encontrado a uno de sus mayores exponentes en la figura de Georges Bataille; polémico literato y pensador francés del Siglo XX, cuya obra ha puesto en juicio códigos y normas de la ética y la estética dominante.

Bajo el pseudónimo de “Lord Auch” Bataille publicó una de sus obras más transgresoras y que actualmente es un referente obligado de la literatura erótica: “historia del ojo”.  Narrativa basada en las peculiares experiencias sexuales de dos adolescentes, quienes encuentran en lo “abyecto” la forma más pura de excitación: de placer; su recorrido los lleva por las más inusitadas situaciones y a relacionarse con personajes que llevados a la sátira representan la doble moral de la sociedad; curas con un ávido deseo sexual, la figura del voyeur toma un rol preponderante en la historia, jóvenes formados bajo los códigos de la cristiandad pero que a la menor provocación caen victimas de sus más bajas pasiones, corrompidos por el libido que encuentra su vehículo en el personaje central que funge como narrador y en la figura de la hermosa y ávida Simona.  

La obra está impregnada de un fuerte carácter ético filosófico que tiene cabida a través de lo simbólico; el ojo, el huevo, la orina, la sangre, la cruz, el cáliz, la presencia de lo grotesco, lo mórbido, lo prohibido, lo atípico, lo excitante, lo carnal, el éxtasis del placer. “Historia del ojo” nos produce una catarsis que nos permite liberarnos del yugo moral, encontramos un escaparate mediante el cual podemos dar rienda suelta a nuestros más oscuros deseos; todo aquello que ante la sociedad no admitiríamos y que tiene lugar en el ámbito de los sueños, en el imaginario, o en el inconsciente: en nuestra animalidad. Una lectura que se disfruta en la intimidad de la habitación, o rodeado de una multitud de gente, o en la compañía de la persona deseada; procuré el escenario que más le satisfaga y déjese envolver por el hedonismo del placer.

Encomendada estaba la interpretación de la obra literaria, una traducción al lenguaje de lo pictórico, ésta exposición da cuenta de la “historia del ojo”  y de como toda obra de arte es susceptible de una multiplicidad de re-interpretaciones que se ve reflejada en la construcción de nuevos códigos lingüísticos y visuales, en las soluciones plásticas y formales, así como en la estética que cada artista confiere a su obra.

Erik Sánchez Pimentel.


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